Décimo día de confinamiento,
no salimos para nada,
nuestros hijos se ocupan
de hacernos la compra.
La traen, la dejan… y se van
nos saludamos de lejos,
nos enviamos besos con las manos
se escapa una lagrimita…
de vez en cuando
Esta mañana,
al poner el desayuno a mi madre
observo que no quedan apenas
sobrecitos individuales de azúcar
Nosotros no tomanos,
ni en el café, ni en nada
sólo mi madre toma azúcar…
Pienso que ya envié anoche
a mi hijo pequeño,
la lista de la compra
y que no es cuestión de marear
añadiendo ahora un elemento más
Así que, he rescatado
el viejo azucarero de mi madre
ella, cuando lo ha visto,
se ha quedado pensativa
y ha murmurado….
“madre mía, cuánto tiempo!”
Estamos inmersos en un momento único,
excepcional, inédito, global…
que tal vez nos lleve a tener que rescatar,
de manera emocional o práctica
costumbres, hábitos, elementos
de otro tiempo pasado
como me ha sucedido a mí hoy
con el azucarero de la iaia
Pero esto es sólo,
la reflexión de una confinada
Ánimo, cuidaos mucho
y quedáos en casa!
Carmen Rocamora
(contadora de historias)
23 de marzo de 2020 (10º día del estado de alarma)



