Con esta
introducción, comenzaban todos los cuentos de mi infancia, ha llovido tanto desde
entonces, que no sé por qué motivo la he recordado ahora, de repente, como
tampoco sé por qué motivo me he puesto a escribir en el mismo instante en que
he pronunciado en voz alta esa frase corta, lejana, inocente y misteriosa…
Pero, es que acaso
es necesario que exista un motivo?, me pregunto en este momento
No, me contesto,
para nada, no tiene por qué haberlo
Y así sucede con
todo, nos empeñamos en buscar el por qué a todo cuanto nos sucede y ese empeño
inútil nos impide vivir plenamente lo que está ocurriendo
Cada segundo, cada
instante, sucede porque sí, sencillamente fluye y hay que dejarle fluir, sin
ponerle las trabas y los impedimentos que constantemente brotan de nuestros
pensamientos
Los cuentos de mi
infancia estaban ahí, sin motivo alguno, esperando que alguien los contara,
ansiosos por ser escuchados y yo los escuchaba absorta, imaginando cada
personaje, cada escena, cada anécdota, exactamente igual que me sucede ahora
Los cuentos de mi
infancia estaban ahí, sin motivo alguno, inocentes y misteriosos, todos
comenzaban con esa frase corta y lejana….. érase una vez
Y todos ellos, sin
motivo alguno, simplemente porque así había de suceder, despertaron en mí la
curiosidad, la imaginación y la capacidad de visualizar cada personaje, cada
escena y cada anécdota de todo aquello que leo, de todo cuanto me cuentan, de
cada sueño que invento cuando un deseo me empuja a soñar despierta, cosa que he
de confesar, hago con mucha frecuencia.
Carmen Rocamora
(contadora de
historias)
16 de abril de 2013